Café e hígado: qué dice la ciencia

Respuesta rápida: entre todas las relaciones entre dieta e hígado, la del café es una de las más sólidas. Los estudios observacionales vinculan el consumo regular, en torno a dos o cuatro tazas al día, con un menor riesgo de fibrosis avanzada, cirrosis y cáncer de hígado. Un metaanálisis de 2016 estimó que cada taza diaria adicional se asociaba con alrededor de un 22 por ciento menos de riesgo de cirrosis. Estos hallazgos describen una correlación, no un medicamento: el café no borra el alcohol, una hepatitis ni el seguimiento médico.

Información general, no consejo médico. Este artículo resume investigación publicada. No sustituye a un profesional sanitario, sobre todo si existe una enfermedad hepática conocida.

Lo esencial
  • El café regular se asocia con menos fibrosis, cirrosis y cáncer de hígado en estudios observacionales
  • Los compuestos clave: ácidos clorogénicos (antioxidantes) y cafeína, con efectos antifibróticos estudiados
  • El beneficio aparece sobre todo a partir de dos tazas, a menudo hasta tres o cuatro
  • Para el hígado, filtrado y no filtrado resultan ambos favorables; el no filtrado eleva sobre todo el colesterol
  • La IARC (OMS) consideró el café no cancerígeno en 2016, con una señal protectora para el hígado
  • Correlación no es causalidad: el café no sustituye al tratamiento ni a los hábitos de vida

Cómo actuaría el café sobre el hígado

El café no es solo una dosis de cafeína: es una mezcla de más de mil compuestos, varios de ellos relevantes para el hígado. Los más estudiados son los ácidos clorogénicos, una familia de polifenoles antioxidantes. En laboratorio reducen la acumulación de grasa en las células hepáticas, mejoran la sensibilidad a la insulina y frenan las vías de señalización que conducen a la fibrosis, en parte actuando sobre el factor de crecimiento TGF-beta.

La cafeína probablemente también contribuye. Modula los receptores de adenosina implicados en la activación de las células estrelladas del hígado, las que fabrican el tejido cicatricial de la fibrosis. Eso explicaría por qué el café descafeinado, aunque beneficioso en algunos estudios, a veces parece algo menos protector que el cafeinado.

Quedan los diterpenos, cafestol y kahweol, presentes en la fracción grasa del café. Según el método de preparación, pueden, por el contrario, elevar el colesterol y, a dosis altas, algunos marcadores hepáticos. Por eso conviene distinguir el café filtrado del no filtrado, como se aborda más abajo.

Fibrosis y cirrosis: la asociación mejor documentada

La fibrosis es la acumulación de tejido cicatricial en el hígado; en su grado extremo se convierte en cirrosis. Es aquí donde la evidencia sobre el café es más sólida. Un metaanálisis de Kennedy y colaboradores, publicado en Alimentary Pharmacology and Therapeutics en 2016, agrupó nueve estudios y estimó que cada taza adicional al día se asociaba con alrededor de un 22 por ciento menos de riesgo de cirrosis (riesgo relativo en torno a 0,78).

Otro metaanálisis en PLOS One de 2015 comparó a bebedores de café con no bebedores: el riesgo de cirrosis era un 39 por ciento menor entre los bebedores, y la fibrosis avanzada un 27 por ciento menor. El efecto se mantenía tanto en la enfermedad hepática por alcohol como en la hepatitis C crónica. Siguen siendo hallazgos observacionales: muestran un vínculo fuerte, pero por sí solos no prueban que el café sea la causa directa.

Hígado graso (NAFLD): una señal prometedora

La enfermedad del hígado graso no alcohólico, o NAFLD, es la acumulación de grasa en el hígado de personas que beben poco o nada de alcohol. Se ha convertido en la enfermedad hepática crónica más frecuente en los países occidentales, ligada al exceso de peso y al síndrome metabólico.

Varias revisiones apuntan a un papel protector del café. Una revisión sistemática con metaanálisis de 2021 vinculó el consumo regular de café con alrededor de un 30 por ciento menos de riesgo de NAFLD y cerca de un 35 por ciento menos de probabilidad de fibrosis significativa en quienes ya están afectados. El mecanismo propuesto es coherente: los ácidos clorogénicos mejoran el metabolismo de la glucosa y limitan el almacenamiento de lípidos en el hígado. Aun así, el café acompaña, no sustituye, a la pérdida de peso y la actividad física, que siguen siendo los pilares del abordaje.

Cáncer de hígado: una señal protectora reconocida

El carcinoma hepatocelular es el cáncer primario de hígado más frecuente. Es uno de los pocos cánceres a los que la literatura atribuye un efecto protector coherente del café. Los estudios de cohortes y de casos y controles, y sus metaanálisis, sitúan la reducción del riesgo entre el 35 y el 50 por ciento en bebedores habituales frente a no bebedores.

Esto pesó en una decisión importante: en junio de 2016 el Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer (IARC), el brazo de cáncer de la OMS, reclasificó el café del grupo 2B ("posiblemente cancerígeno") al grupo 3 ("no clasificable en cuanto a su carcinogenicidad"). Tras revisar más de mil estudios no halló pruebas de que el café cause cáncer, y señaló explícitamente un menor riesgo de cáncer de hígado y de endometrio.

Enzimas hepáticas (ALT, GGT): a menudo más bajas

La ALT (alanina aminotransferasa) y la GGT (gamma-glutamil transferasa) son enzimas que se miden en sangre para valorar la salud del hígado: su elevación suele indicar sufrimiento hepático. En varios grandes estudios de población, los bebedores habituales de café presentan de media valores de ALT y GGT más bajos que los no bebedores, incluso entre personas con riesgo por alcohol, exceso de peso o hepatitis viral.

Un ensayo controlado en pacientes con NAFLD observó una bajada significativa de ALT y AST tras un suplemento que combinaba cafeína y ácido clorogénico, lo que refuerza la coherencia biológica de los datos observacionales. Un matiz: a dosis muy altas de café no filtrado, rico en diterpenos, la ALT puede, por el contrario, subir ligeramente, lo que remite de nuevo a la cuestión de la preparación.

Café filtrado o no filtrado: el matiz que importa

Para el hígado como órgano, el filtrado y el no filtrado se asocian ambos con efectos favorables. La diferencia está en otro lugar, en el colesterol. El café no filtrado (prensa francesa, café hervido escandinavo, café turco y, en menor medida, el espresso) contiene diterpenos, cafestol y kahweol, hasta unas treinta veces más concentrados que en un café pasado por filtro de papel.

Estos diterpenos elevan el colesterol LDL y los triglicéridos, y pueden subir moderadamente la ALT a consumos altos. El filtro de papel retiene la mayor parte. En la práctica: si tu perfil lipídico está bajo control, conviene preferir el café filtrado; para el beneficio hepático en sí, el método de preparación pesa menos que la regularidad del consumo.

¿Cuántas tazas al día?

En la literatura el beneficio hepático aparece sobre todo a partir de dos tazas al día, con una relación dosis-respuesta que suele reforzarse hasta tres o cuatro tazas. A partir de ahí, la ganancia adicional se aplana. La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) considera que una ingesta de cafeína de hasta 400 mg al día para un adulto sano, unas cuatro o cinco tazas, no plantea problemas de seguridad; el límite baja a 200 mg al día durante el embarazo.

Dicho de otro modo, no hay que forzar la dosis: superar las cuatro tazas no aporta un beneficio hepático conocido y puede alterar el sueño o la tensión. Un punto clave: el azúcar, los siropes y la nata añadidos pueden anular el interés metabólico. El café solo, o muy poco endulzado, es la forma que estudiaron los trabajos científicos.

Preguntas frecuentes

¿El café puede curar una enfermedad del hígado?

No. El café se asocia con un menor riesgo en los estudios de población, pero no es un tratamiento. Una fibrosis, una cirrosis o una hepatitis se abordan médicamente. El café puede acompañar a unos buenos hábitos de vida, pero no sustituye dejar el alcohol, ni el seguimiento especializado, ni los medicamentos prescritos.

¿El café descafeinado también protege el hígado?

Varios estudios encuentran un efecto favorable del descafeinado, lo que sugiere que los ácidos clorogénicos influyen más allá de la cafeína. Algunos análisis muestran, aun así, un beneficio algo mayor para el café cafeinado. El descafeinado sigue siendo una opción válida para quien debe limitar la cafeína.

¿El espresso es bueno o malo para el hígado?

El espresso se sitúa entre el café filtrado y el no filtrado en cuanto a diterpenos: moderado, porque la ración es pequeña. Su aporte de cafeína y antioxidantes es coherente con los beneficios hepáticos observados. Ningún dato indica que el espresso sea perjudicial para el hígado en adultos sanos.

Fuentes

  • IARC / OMS, Monografía volumen 116, evaluación del consumo de café (reclasificación al grupo 3, junio de 2016).
  • Kennedy O.J. et al., café y carcinoma hepatocelular, y metaanálisis de cirrosis, Alimentary Pharmacology and Therapeutics, 2016.
  • Liu F. et al., "Coffee Consumption Decreases Risks for Hepatic Fibrosis and Cirrhosis: A Meta-Analysis", PLOS One, 2015.
  • Revisión sistemática con metaanálisis sobre café y NAFLD / fibrosis significativa, 2021.
  • EFSA, dictamen científico sobre la seguridad de la cafeína, 2015 (umbral de 400 mg/día para adultos).
  • Estudios sobre los diterpenos del café (cafestol, kahweol) en el café no filtrado y sus efectos en los lípidos sanguíneos y la ALT, Universidad de Wageningen.

Para saber más: FAQ café de especialidad · Glosario del café · Todas nuestras guías