☕ 3 puntos clave

  1. El estándar SCA fija tres objetivos: 150 mg/l de TDS (75 a 250 aceptable), 68 mg/l de dureza cálcica como CaCO3 (17 a 85 aceptable) y una alcalinidad próxima a 40 mg/l como CaCO3, con pH entre 6,5 y 7,5.
  2. El agua supone alrededor del 98% de una taza de filtro y cerca del 89% de un espresso, así que su composición mineral no es un detalle secundario.
  3. Con dos sales alimentarias y una balanza de precisión se reproduce en casa un agua dentro del objetivo SCA, y con reproducibilidad total de una tanda a otra.

¿Qué agua usar para preparar café? Guía técnica completa

Por Isabel Fuentes · abril 2026 · Técnica de extracción

¿Qué valores de agua fija el estándar SCA?

Para el agua de preparación existe una referencia clara, la que publica la SCA en su Water Quality Handbook. Los objetivos son 150 mg/l de sólidos disueltos totales, con un rango aceptable de 75 a 250 mg/l; una dureza cálcica de 68 mg/l expresada como CaCO3, aceptable entre 17 y 85 mg/l; una alcalinidad próxima a 40 mg/l como CaCO3; sodio próximo a 10 mg/l; cloro y hierro a cero; y un pH entre 6,5 y 7,5. Con esos parámetros la extracción es completa y el circuito de la máquina no se incrusta ni se corroe. Conviene aclarar un malentendido que circula mucho: la horquilla de 50 a 175 mg/l que se cita a menudo corresponde a la dureza total, calcio más magnesio, y no a la dureza cálcica de la norma.

¿En qué se diferencian la dureza y la alcalinidad?

Son dos parámetros independientes que se confunden constantemente. La dureza mide el calcio y el magnesio disueltos, los iones que arrastran los compuestos aromáticos fuera del molido. La alcalinidad mide carbonatos y bicarbonatos, y funciona como tampón: neutraliza parte de la acidez del café. El equilibrio entre ambas decide el carácter de la taza. Dureza alta con alcalinidad baja da tazas afiladas, a veces demasiado ácidas; alcalinidad alta apaga la brillantez aunque la dureza sea correcta. En cuanto al reparto entre los dos cationes, los cálculos de Hendon y los Colonna-Dashwood publicados en 2014 sitúan al magnesio por delante del calcio en afinidad por los ácidos del café: el magnesio extrae dulzura y fruta, el calcio aporta sobre todo cuerpo.

Y una nota sobre unidades, porque aquí se pierde mucha gente: un grado francés (°f) equivale a 10 mg/l de CaCO3 y un grado alemán (°dH) a unos 17,8 mg/l. Un agua de 30 °f lleva por tanto unos 300 mg/l de CaCO3, es decir 16,9 °dH, no 30.

¿Qué agua embotellada funciona mejor para el café?

Lea la etiqueta antes que la marca, porque el dato que decide es el bicarbonato y casi nunca aparece en la publicidad. Entre las españolas de referencia, Bezoya se queda corta con 37 mg/l de residuo seco y extrae de forma incompleta. Lanjarón, con 162 mg/l, y Font Vella, con 211 mg/l, caen dentro del rango útil. Solán de Cabras, con 254 mg/l, se sitúa justo en el límite alto. Las muy mineralizadas, del tipo San Pellegrino, quedan directamente fuera del rango de preparación. Para espresso apunte a una dureza de 60 a 90 mg/l CaCO3 y una alcalinidad de 35 a 60 mg/l CaCO3, y pruebe dos o tres aguas con la misma receta antes de decidir.

¿Cómo se prepara agua a medida con minerales puros?

Hay dos caminos. El cómodo son los sobres premedidos que se disuelven en agua osmotizada o destilada: Third Wave Water indica para su perfil Classic unos 150 mg/l de TDS y unos 40 mg/l de alcalinidad, es decir los objetivos de la SCA, con la ventaja de que cada sobre reproduce el mismo resultado.

El camino artesanal cuesta dos sales y una balanza. Disuelva 170 mg de sulfato de magnesio heptahidratado (sal de Epsom alimentaria) y 67 mg de bicarbonato sódico en un litro de agua osmotizada. Obtendrá alrededor de 17 mg/l de magnesio, unos 69 mg/l de dureza como CaCO3, una alcalinidad cercana a 40 mg/l como CaCO3 y un TDS en torno a 150 mg/l. Dos matices: esa dureza es magnésica y el objetivo de la SCA se expresa en dureza cálcica, y el bicarbonato aporta unos 18 mg/l de sodio, por encima de los 10 mg/l de la norma. Si prefiere una taza más ácida y floral, suba a 200 mg de sulfato de magnesio y baje a 50 mg de bicarbonato. Trabajar con concentrados y dosificar por volumen resulta más práctico que pesar miligramos cada vez, pero guárdelos siempre en frascos separados: mezclados acaban precipitando carbonato de magnesio. El coste por litro se queda en céntimos.

¿Qué filtro doméstico conviene según la dureza local?

Depende de qué salga de su grifo, y por eso la primera compra sensata es un medidor de TDS, no un filtro. Para uso doméstico corriente, una jarra tipo Brita Marella con cartucho mensual resuelve el cloro y baja la dureza, aunque deja pasar buena parte de los bicarbonatos. Los filtros de cartucho tipo Aquaphor se acoplan a máquinas domésticas y ofrecen más caudal. Para equipos semiprofesionales, los sistemas BWT Bestmax o Pentair Everpure regulan la dureza residual según la del agua de entrada. Y si su agua ya está en el rango objetivo, un simple filtro de carbón activo basta: elimina cloro y cloramina sin tocar un perfil mineral que ya era correcto. El mantenimiento no es opcional, porque la dureza temporal precipita como cal en cuanto el agua se calienta y el intervalo de descalcificación depende directamente de la dureza medida.

¿Qué productos ayudan a controlar el agua en casa?

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El agua es el ingrediente invisible que define la mitad de la taza. Comprender TDS, dureza y alcalinidad y ajustar a estándar SCA transforma cualquier café marginal en taza expresiva, y protege el equipo de incrustaciones costosas a largo plazo.

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¿Cómo influyen magnesio, calcio y bicarbonato en la taza?

El agua supone entre el 89 % de un espresso y el 98 % de una taza de filtro, según el método. Es el disolvente que arranca los compuestos solubles del molido y los lleva hasta el paladar. Pero no toda el agua disuelve igual: su composición mineral decide qué compuestos salen antes, a qué velocidad y en qué proporción llegan a la bebida.

Tres especies mandan sobre el resultado: magnesio, calcio y bicarbonato. El magnesio tiene una afinidad especialmente alta por los ácidos del café y actúa como un imán molecular que los extrae con eficiencia y los mantiene en solución. Un agua con 15 a 25 mg/l de magnesio suele dar filtros más expresivos, con acidez más definida y mayor claridad aromática.

El calcio también extrae, pero con preferencia por los compuestos que dan cuerpo, y en exceso trabaja en contra: forma con los ácidos del café compuestos poco solubles y deja una textura calcárea que aplana los matices. Un contenido moderado, del orden de 20 a 40 mg/l de calcio, es suficiente para sostener el cuerpo sin apagar la aromática.

El bicarbonato es el parámetro más traicionero, porque no se nota como sabor propio sino como ausencia. Funciona de tampón y neutraliza los ácidos del café, es decir, borra exactamente la acidez brillante que el tostador trabaja para preservar. Por encima de 80 mg/l de bicarbonato, un etíope o un keniano pierden su firma. La SCA fija la alcalinidad en torno a 40 mg/l expresada como CaCO3, lo que equivale a unos 49 mg/l de bicarbonato. Aquí conviene desmontar un tópico: Evian, citada a menudo como agua de referencia por sus 26 mg/l de magnesio, arrastra unos 360 mg/l de bicarbonato, muy por encima de ese objetivo, y aplana las tuestes claras.

El pH importa, aunque de forma secundaria. El rango útil va de 6,5 a 7,5, y por encima de 8 suele correlacionar con un bicarbonato alto, con el mismo efecto de aplastamiento de la acidez. En la práctica, medir la alcalinidad informa más que medir el pH: es la causa, no el síntoma.

¿Cómo mejorar el agua del grifo sin equipo complejo?

Mejorar el agua no exige laboratorio ni química avanzada. Hay tres niveles de intervención, y casi nadie necesita el tercero.

El primero es elegir un agua embotellada con la etiqueta adecuada. Busque un residuo seco entre 75 y 250 mg/l, un bicarbonato bajo y una presencia razonable de magnesio. Volvic, con 130 mg/l de residuo seco, 8 mg/l de magnesio y unos 71 mg/l de bicarbonato, es un ejemplo de perfil que funciona sin ningún tratamiento. Fíjese siempre en el bicarbonato antes que en el residuo seco: es el número que separa un agua utilizable de otra que apagará cualquier tueste claro.

El segundo nivel es filtrar. Las jarras con cartucho de intercambio iónico bajan la dureza cambiando calcio y magnesio por sodio, y de paso retiran el cloro libre que enmascara los aromas delicados. Solución barata y práctica, con una pega: el intercambio se lleva el magnesio junto con el calcio, así que gana en potabilidad lo que pierde en expresión aromática. Si su agua ya está dentro del rango y el único problema es el cloro, un filtro de carbón activo hace el trabajo sin tocar los minerales.

El tercer nivel es reconstruir. Se parte de agua osmotizada o destilada y se añaden los minerales en proporciones medidas, ya sea con sobres premedidos como Third Wave Water, cuyo perfil Classic se anuncia en torno a 150 mg/l de TDS y 40 mg/l de alcalinidad, ya sea pesando las sales uno mismo. Lo que se compra aquí no es tanto una taza mejor como una taza repetible: la composición deja de moverse con las estaciones y con los cambios de captación de la red.

Una advertencia que vale por todo lo anterior: no prepare café con agua destilada o de ósmosis sin remineralizar. Sin iones no hay extracción eficiente, la taza sale hueca y sin estructura, y el agua resulta además agresiva para los metales del circuito. El agua perfecta para el café nunca es la más pura, sino la mejor equilibrada.